Con la misma ansiedad que se espera el segundo álbum de un artista, ese que vendría a ser una especie de certificación de que el debut fue más que un simple golpe de suerte, se esperaba “By the Way” de Red Hot Chili Peppers. Tres años antes la banda estadounidense había lanzado “Californication”, el primer trabajo con el guitarrista de John Frusciante luego de su partida en 1992. Tal expectación se debía, entre otras cosas a lo tremendamente exitoso que había sido este regreso tanto para él como para la banda: el primer single “Scar Tissue” les valió un Grammy por mejor canción de rock y los demás singles (“Around the World”, “Otherside”, “Californication” y “Road Trippin”) son clásicos no sólo del género sino que también de la música popular.

La vara, entonces, estaba alta. 

En este primer trabajo de Red Hot Chili Peppers en el nuevo milenio, la banda se alejó de la alocada sonoridad que mezclaba desenfadadamente funk, punk, metal y rap para apostar por la melodía en el sonido y por la reflexión en las letras. 

El álbum inicia con el tema homónimo que -además- fue el adelanto que la banda mostró para dar a conocer este octavo trabajo. Si bien elegirlo como primer single no fue una decisión de la banda sino más bien de los managers, la canción logra ejemplificar de gran manera lo que era la banda en este punto de su carrera: se mantenía la icónica mezcolanza de rap con rock pero ahora había una fuerte presencia de sonidos más melódicos. Por otro lado, es en el estribillo de la canción “By the Way” en donde encontraremos por primera vez una referencia explícita al personaje “Dani” (anteriormente aludida pero no mencionada en la canción Californication en el verso “Teenage bride with a baby inside / Gettin’ high on information“), y que luego sería nuevamente mencionado en el primer single del disco “Stadium Arcadium” (2006) titulado justamente “Dani California”.

 

Universally Speaking”, el segundo track, se baña más bien en psicodelia, a veces reminiscente de un sonido más cercano a The Beatles, a ratos a R.E.M. Definitivamente, una canción con un halo melódico diferente. 

Con una introducción de bajo a cargo de Flea y que lleva el ritmo de -prácticamente- toda la canción, comienza “This is the Place”, una canción más bien oscura que habla sobre un lugar que suelen frecuentar drogadictos. John Frusciante, por otro lado, se mantiene más bien en las sombras, pero no por eso menos experimental en cuanto a la guitarra se refiere y con gran presencia en la segunda voz. 

Pasamos así a uno de los puntos más altos de este disco: “Dosed”, con una hermosa introducción a cargo de Frusciante, es una canción en la que se pueden oír cuatro guitarras diferentes que van haciendo lo suyo entre los versos y que desembocan en un estribillo que encumbra la melodía hasta lo más alto con hermosa armonía vocal a cargo de Anthony Kiedis y de John Frusciante. Sin duda, merece ser incluída con mayor frecuencia en las presentaciones en vivo de la banda. Según el sitio setlist.fm, la canción ha sido interpretada sólo en tres ocasiones desde que fue lanzada hace 20 años y, paradójicamente, en ninguna de estas oportunidades fue su creador John Frusciante el encargado de las seis cuerdas sino más bien su reemplazante Josh Klinghoffer en el año 2017. Ojalá podamos disfrutarla en su regreso a Chile, más aún cuando sabemos que Frusciante está de vuelta en la banda desde finales de 2019.

Seguimos con las revoluciones bajas en “Don’t Forget Me”, un grito desesperado de Kiedis quien se niega a la irrelevancia, al abandono y, finalmente, al olvido. Es un rasgueo de bajo lo que da inicio a este tema que posee una cadencia más calma. La guitarra se mantiene subterránea, a veces asoma un poco la cabeza, sube, juega por aquí, por allá como sólo el gran Frusciante lo sabe hacer hasta que no te das ni cuenta y ya estamos en el estribillo con un “oooooh” y con Kiedis entonando el nombre de la canción a voz en cuello. Es el mismo Flea el encargado del outro del tema, el cual culmina con el mismo rasgueo de bajo del comienzo, como quien cierra un círculo.

Si el disco “By the Way” fue el tremendo éxito que fue (más de ocho millones de copias vendidas alrededor del mundo, convirtiéndolo en el tercer álbum más vendido de la banda, después de “Californication” y “Blood Sugar Sex Magik”, respectivamente) se debe a muchos factores pero por sobre todo al arrastre popular que tuvieron las dos siguientes canciones del disco. En primer término, “The Zephyr Song”, hermosa balada lanzada en la segunda mitad del año 2002, la cual alcanzó altas posiciones de los rankings musicales, cuando aún éstos eran varas relevantes para medir lo que la audiencia escuchaba en su momento. Respecto a la canción, John Frusciante durante una entrevista en 2017 reveló un secreto: confesó haberse inspirado en las tres notas cantadas en “Pure Imagination” de la película “Willy Wonka & the Chocolate Factory” de 1977 para las tres notas de guitarra de la introducción. La psicodelia que caracteriza a la canción quedó bien reflejada en el videoclip para la canción, dirigido nuevamente por el dúo conformado por Jonathan Dayton y Valerie Faris, quienes anteriormente habían dirigido “Otherside”, “Californication”, “Road Trippin” y By the Way”. 

Por otro lado, está “Can’t Stop”, una vuelta al más clásico sonido raprock con el que la banda estalló a principios de los 90s pero esta vez más reposado, con un brillante quiebre que se acerca más bien al reggae. La canción culmina con un Kiedis acapella pero profundo señalando, entre otras cosas, que la vida es más que una lectura a la pasada: “This life is more than just a read-through”.

De aquí en adelante, en la exacta mitad del álbum, nos cargamos definitivamente a la melodía, salvo por algunas excepciones que mencionaré más adelante. “I could die for you”, el octavo track, es una muestra insigne de lo que quería alcanzar la banda con este nuevo trabajo: madurez en cuanto a letras y música. Desde el punto de vista lírico, es una canción que -principalmente- alude al hipotético caso de que de ser necesario se está dispuesto a morir por ese ser amado. Desde el punto de vista musical, es el Chili Peppers clásico, con las voces de Kiedis y Frusciante al servicio de un coro tremendamente melódico. 

Midnight”, si bien sigue una senda parecida a la canción anterior, guarda un aura más bien conmovedora al mismo tiempo que evoca, como su título lo sugiere, el fin de algo y, al mismo tiempo, el inicio de otra cosa.

A continuación, viene uno de los altos que la banda hace en este melódico viaje en este disco: “Throw Away Your Television”, que tiene un ritmo vertiginoso sólo comparable a lo rápido que tienes que ir para poder tomar tu televisor y lanzarlo hacia afuera por la ventana. Una de las pocas canciones de este álbum en donde el bajo notoriamente no sigue un ritmo dictado por la guitarra sino que más bien sigue libremente su propio camino.

Si en 1999 fue “Road Trippin la que, a base a una guitarra acústica, nos hipnotizó hacia el final de ese viaje llamado “Californication”, en este caso tenemos “Cabron”, una canción que de buenas a primeras te desencaja porque no suena a nada que los Chili Peppers hayan hecho antes. Pero que descoloque no significa de modo alguno que sea un mal tema. Muy por el contrario: te invita a tomar tus cosas y escapar de la ciudad para respirar aires más puros. Ya con escuchar la canción te sientes de vacaciones. Muy probablemente inspirada en Los Ángeles, California pero muy aplicable a Pichilemu, El Tabo o Viña. 

Volvemos a la ruta melosa con “Tear”, que con una simple nota de piano da el puntapié inicial a una hermosa balada que posee un coro que da la impresión de que los Chili Peppers fueron poseídos por los Beach Boys o alguna banda por el estilo. Hay un breve pero hermoso solo de guitarra en la mitad de la canción y como si eso fuera poco, en el quiebre de la canción, Flea hace una nueva aparición en la trompeta (la última había sido en el disco Mother’s Milk de 1989). Sin duda, uno de los puntos altos de este álbum.

Hacemos dos paradas en la ruta melosa para agitar un poco las cosas: primero con “On Mercury” que es, en palabras simples, Chili Peppers en clave Cafe Tacvba, con una energía capaz darte alas más que cualquier bebida energética que dice poder hacerlo. La inclusión de una melódica, a cargo de John Frusciante, es sencillamente magistral. 

La intro de batería del gran Chad Smith da inicio a “Minor Thing”, que al igual que la canción anterior, está para levantar muertos. Un derroche de energía de cada instrumento, incluyase aquí el frenético fraseo de Anthony Kiedis, que no es de modo alguno “una cosa menor”. Pudo perfectamente haber sido un single y haber copado las radioemisoras y canales como MTV en su momento. 


Llegamos así a la parte final de “By the Way con “Warm Tape” y “Venice Queen”. En la primera, el potencial recae en el estribillo más que en los versos, lo cual reafirma la capacidad de la banda para crear grandes melodías. En el segundo tema, por su parte, tenemos un gran cierre, sólo a la altura de lo que este tremendo disco merece: es John Frusciante el encargado de abrir los fuegos con un breve pero conciso riff de guitarra, el cual va edificando una solidísima base sobre la cual se establecen variados sonidos, de los cuales destacan la batería de Chad Smith y el bajo de Flea que repiten un mismo patrón hasta que se une la voz de Anthony Kiedis. Cuando nos aproximamos hacia el tercer minuto de canción, el tempo cambia repentinamente: el único aviso que tienes de que esto no ha terminado es la guitarra acústica que comienza a sonar dando la señal de que estamos ante un nuevo acto de una obra magistral. Se le unen los demás instrumentos en la que -a la postre- es la canción más larga del disco pero al mismo tiempo (y quizás por lo mismo) la más ambiciosa en cuanto a exploración compositiva significa. 

Terminan así sesenta y ocho minutos de un álbum enorme, que dejó huella no sólo en la discografía de la banda sino que entregó varios himnos para la música popular. Y en lo que a Chile respecta fue el disco con el que regresaron en octubre de 2002 para presentarse en la Pista Atlética del Estadio Nacional, marcando así -aunque parezca increíble- la última vez en que la banda se presentó con el legendario John Frusciante en el escenario. Han pasado veinte años, pero el guitarrista ya no sólo vive en nuestra memoria pues volvió a la banda a fines de 2019 (luego de estar fuera por diez años) y acaban de lanzar un nuevo disco.

Si tocarán canciones de discos como “I’m With You”, “The Getaway” o incluso del oscuro “One Hot Minute” es, francamente, lo de menos. Como reza el verso final del tema homónimo “By the Way”: estaré ahí, esperando… (“I’ll be there, waiting for…”) como muchos de ustedes, ¿verdad?

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