Los nacionales de Éntomos dejaron hace rato de ser revelación, y se consolidan como un peso pesado en la escena del metal chileno. Acaban de lanzar un nuevo disco, y en el marco de aquello, realizaron una exclusiva recepción para escuchar de manera anticipada el nuevo trabajo, llamado “Praxis”, el cual ya está disponible para ser escuchado en las principales plataformas de streaming.

El disco cuenta con una portada tremenda, que estuvo a cargo del artista chileno Colin Moore (@dimur_art), quien le dio una personalidad firme a la imagen de “Praxis”. La mezcla y master corrió por cuenta de Pepe Lastarria, lo cual asegura de inmediato un resultado pulcro. Y vaya que se nota, pues el disco tiene un sonido demoledor desde el primer minuto, dando un paso adelante desde “Disidencia”, su primer largaduración, el cual ya era potente y les valió un gran reconocimiento. Aún así, acá hay un avance palpable.

El disco abre con “El despertar”, una intro que funciona como inmersión a un sueño, con arpegios y melodías que combinan belleza y tensión, para desembocar en riffs que te transportan a la brutalidad que comenzaremos a vivir.

“Leviatán” es el tema que sigue, el cual fuera primer adelanto del disco hace unos meses, fue, desde su aparición, un manjar para los seguidores de la banda, con riffs sincopados y memorables a la vez, un canto brutal y el peso demoledor al que nos tienen acostumbrados.

“Praxis”, como ya mencioné antes, suena mejor, aún con la calidad que tenía “Disidencia”, la mano de Pepe Lastarria y el hecho de agregar una oreja externa, sin duda sumaron de manera notable. Por otro lado, la voz se escucha más cómoda dentro del esquema de las canciones, y el bajo tiene un protagonismo mucho mayor, teniendo por fin a un integrante fijo en esta posición como es Oscar Romero, de impecable ejecución, y que vino a completar a Éntomos como una banda plena (recordemos que en “Disidencia” los bajos fueron grabados por los guitarristas). Los riffs y solos suenan muy inspirados, con secciones que serán recordables y coreadas en todos los shows de la banda, y la batería siempre precisa y con aquella característica disociación entre el ritmo de caja y los platos, y el doble bombo siguiendo a los riffs, conformando una unión asesina.

“El miserable poder del ego” continúa con la demostración de brutalidad e inspiración, y “Cáncer” cierra una triada que acelera cada vez más el pulso. Otra que será un nuevo clásico seguro, con un coro hecho para gritar al unísono.

“Hijos del trastorno” presenta una faceta más oscura, tanto en su intro como en su sección principal, con acordes que forman una muralla de fondo que exuda melancolía a la vez que fuerza, junto a una voz que susurra y explota luego de forma aplastante. Notable.

“Alegorías” comienza con el bajo y la batería, introduciendo de inmediato el groove característico de la canción, que se mantiene y mezcla con los elementos más djent y progresivos de la banda. En medio, unos arpegios con guitarra limpia (¿acústica?) y unos lead de bajo siguen dándole sazón y variedad para no decaer nunca ni mucho menos aburrir. Todo lo contrario, te obligan a permanecer siempre atento a cada detalle y quiebre. Sigue “Quintaesencia”, que retoma la velocidad tipo thrash clásico, acompañado de secciones pesadas de la escuela de Black Sabbath, o características del doom si se quiere, entregando otro track imperdible.

En el prelanzamiento, “Devenir el sangrar”, el siguiente tema, me voló la cabeza de inmediato, a la primera, con una fade in que desemboca en unos riffs que son una delicia en su brutalidad, y un coro melódico y rabioso hecho para emocionar. Increíble cómo sonidos así de duros pueden llegar al alma tan directo.

Hacia el último tramo, tenemos “Bios Theoretikós”, una composición instrumental en clave de mantra, que parece recordarnos que estamos en ese sueño en el que entramos al inicio del disco. Así, llegamos al último track, llamado “Acta non verba”, una expresión en latín que puede traducirse como “acciones, no sólo palabras” y que sigue con los guiños a esta lengua, presente desde el título del álbum. La canción vuelve a traer esa tensión en sus melodías, te intriga, te atrapa y te sube, terminando muy arriba, muy pesado y con mucha pasión, en un disco que no aburre, y que maneja niveles asombrosos de matices para una banda que tiene un estilo tan reconocible. Para aplaudir de pie.

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