Corría el año 2001 y ya era un hecho que los alemanes Edguy habían dejado su marca como una de las revelaciones del power metal. Discos como “Vain Glory Opera” (1998), “Theater of Salvation” (1999) y “The Savage Poetry” (2000) así lo dejaban claro. Asimismo, la figura de un veinteañero Tobias Sammet también se hacía sentir. 

De hecho, ese mismo año comenzó con su proyecto Avantasia (paradójico, porque con el paso de los años Edguy comenzó a tomar ese lugar) y el lanzamiento del “Metal Opera Pt.I” en enero, una de las grandes joyas del género y que, sin dudas, enarboló la figura del pequeño cantante como un bastión del power a inicios de los 2000.

Pero en septiembre de 2001 Sammet arremetió nuevamente con un nuevo lanzamiento, esta vez, de Edguy. A continuación, haremos un repaso del quinto disco de Edguy: “Mandrake”. Producción que, si bien no llega a alcanzar al “Metal Ópera Pt,I” de Avantasia, sigue siendo uno de los buenos trabajos de los oriundos de Fluda: Sammet (voz), Jens Ludwig (guitarra), Dirk Sauer (guitarra), Tobías Exxel (bajo) y Félix Bohnke (batería).

El disco comienza con “Tears of a Mandrake”, uno de los llamados clásicos de la banda. Un tema medio de siete minutos donde el teclado da paso a riffs sobrios pero geniales que dan paso al coro que es de los más icónicos del grupo. El solo de Ludwig le da un caché y al final escuchamos los primeros dobles bombos de Bohnke. Un tremendo tema para abrir los fuegos del disco.

El segundo tema es “Golden Dawn”: power metal a la vena. Parte con un mini break de batería que da paso al riff principal. Aquí apreciamos que Sammet estaba en su mejor momento vocal, el cual se aprecia en el coro con las notas agudas. El solo es largo, pero no en exceso, con un quiebre sobre el final del mismo donde vuelve la potencia del doble bombo y el coro. Si bien no está a la altura de temas como “Babylon”, es totalmente disfrutable.

Aquí bajamos nuevamente la velocidad para ir a “Jerusalem”. Un medio tiempo un poco más rápido que “Tears of a Mandrake” donde los arreglos en la introducción más los primeros versos acompañados de guitarras acústicas dan la sensación de embarcarnos en un viaje hacia esa ciudad (bueno, parte de la letra tiene eso). El coro es simplemente épico y, nuevamente, aparecen las guitarras acústicas que le dan un aire fresco al solo. Este es de esos temas que uno siempre quiso escuchar en vivo.

Llegando a la cuarta canción tenemos “All the Clowns”. En sí es un tema bien simple en composición, pero no por eso es menos disfrutable. El coro está hecho para que lo tararees luego de un par de escuchadas. Este es de esos singles que sabes que sonarán en la radio por un buen tiempo y con el cual promocionarías un disco, supongo. Pero insisto, no es un mal tema para nada.

Quinta parada: “Nailed to the Wheel”. Parte con una introducción donde Sammet saca su lado más melódico, acompañado solo de guitarras acústicas que van dando el ambiente a lo que se viene. Luego de las primeras estrofas el tema arremete con una violencia desmedida, con riffs casi “trhasheros”. El coro es el punto cúlmine de la canción: potencia, agresividad y Sammet logrando unos agudos que complementan de excelente manera el frenesí que es la canción. Para mí, el mejor del disco.

La sexta en la lista es “The Pharaoh”. Volvemos al medio tiempo, en una obra épica de diez minutos de duración. La introducción que nos hace viajar a Egipto, los riffs agresivos y, nuevamente, el coro que es simplemente sublime. Tiene pasajes con elementos sinfónicos y un pequeño pasaje adornado con sonidos de viento, lluvia, truenos y el solo que mantienen expectantes a cómo seguirá desarrollándose la canción para, finalmente, volver con el coro épico y cerrar el tema. Junto con “Nailed to the Wheel”, los puntos más altos del disco y no tiene nada que envidiarles a otros temas de larga duración de la banda como “Eyes of the Tyrant”, “The Piper Never Dies” o “Theater of Salvation”.

Ahora nos vamos a un tema más lento: “Wash Away the Poison”. Una introducción muy melódica donde la voz de Sammet y el piano dan cuenta de la versatilidad compositiva que tiene la banda, donde no sólo es el power metal de los discos anteriores a este. Además, los arreglos orquestales dan un ambiente más dramático. El solo de guitarra encaja perfecto con la canción. Una demostración que Edguy no sólo es doble bombo y riffs rápidos.

En la octava pieza encontramos a “Fallen Angels”, un tema donde volvemos a la velocidad del power metal puro y duro. Riffs agresivos, batería a tope, unos arreglos de bajo que no pasan desapercibidos y la voz de Sammet que le da todo el power a la canción. El coro, nuevamente, es de esos que te hacen querer cantarlo a todo pulmón.  

Painting on the Wall” es la siguiente canción. Nuevamente volvemos a algo más lento, parecido al primer tema en ámbitos de velocidad, donde el principal protagonista es el teclado. Los demás instrumentos todos bien colocados, no sobra ni falta nada, pero el teclado es el que le da todo el ambiente y la distinción respectiva al tema.

Es sabido que a Edguy lo que más le sobra es sentido del humor y eso lo demuestra con la décima canción: “Save Us Now”. Esta es una broma para el baterista, quien es un conejo alienígena que toca la batería, algo muy bizarro (ja, ja, ja). Desde el comienzo de la canción se respira ese ambiente más distendido y que siempre ha caracterizado a Edguy (que se pueden apreciar en otros temas como “Lavatory Love Machine” o “Trinidad” y los videoclips de “Superheroes” y “Robin Hood”).

Finalmente, llegamos a la última canción: “The Devil and the Savant”, el bonus track del disco. Es un medio tiempo donde los teclados nuevamente se llevan el protagonismo, debido a que le dan todo el ambiente que necesita la canción, no hay mucho más que añadir. Una buena canción para cerrar, sin dudas.

En aquellos años Edguy comenzaba a cimentar su “amanecer dorado”, donde le demostraban al mundo que no solo eran un grupo de jóvenes que tocaban power metal a la vena. Con “Mandrake” los alemanes comenzaron a experimentar nuevos rumbos, pero sin dejar de lado su esencia principal, al menos durante los inicios del nuevo milenio.

Mandrake” es un muy buen disco, que se aleja de la monotonía de los doble bombos a todo dar de sus trabajos anteriores y donde se puede apreciar una variedad de estilos y canciones que hacen de este disco uno de los mejores de la banda.

 

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