El músico inglés ex miembro de Genesis vuelve con un disco enfocado en la guitarra clásica que se inspira en su último viaje por la costa mediterránea, donde el instrumento adquiere total protagonismo adquiriendo matices y variantes que solo la creatividad y la técnica de Hackett podía ser capaz de conseguir.

Steve Hackett (Pimlico, Londres, Inglaterra, 12 de febrero de 1950) es el ex guitarrista de Genesis, parte de la alineación clave del grupo que dio álbumes como “Foxtrot”, “Selling England by the Pound” o “The Lamb Lies Down on Broadway”.

El músico inglés lanzó el 21 de enero de 2021 su último álbum, “Under a Mediterranean Sky”, el que hizo inspirándose en lugares del Mar Mediterráneo como la costa española, conocida como Levante Peninsular, Malta o el Mar Adriático.

Este es su trabajo 26 en su amplia discografía en la que ha explorado distintos estilos y sonidos, siendo la guitarra clásica algo ya visto en su repertorio como por ejemplo en sus álbumes “Tribute” donde toca piezas clásicas de Johann Sebastian Bach, y a su vez de guitarristas clásicos elogiados como Andrés Segovia o también a reconocidos compositores de piezas del siglo XX como el catalán, Enrique Granados. Esto también nos demuestra que su contacto con los ritmos que se muestran en “Under a Mediterranean Sky” ya estaban en su repertorio y por lo tanto no eran extraños o desconocidos para él.

Por más que sus comienzos fueran parte de una banda de rock como Genesis, Steve Hackett, debe ser de uno de los mejores guitarristas clásicos dentro de la escena de músicos venidos de la una vertiente más rockera. Y volviendo a lo que mencionamos anteriormente, uno de los puntos que destaco de “Under a Mediterranean Sky”, es que esta placa recoge muchos tópicos y texturas del disco “Tribute”.

Ahora adentrémonos en el disco. Abrimos con, “Mdina (The Walled City)”, canción que toma el nombre de la ciudad de la isla de Malta (país al sur de la isla de Sicilia) que data del 700 antes de cristo y que a través de los tiempos se convertiría en una metrópolis con grandes murallas, junto a esto, su ubicación en un punto alto y alejado de la costa, la convertía en una ciudad estratégica.

Sobre el tema, este abre de manera grandilocuente, una pequeña obra para guitarra y orquesta (programada digitalmente por Roger King), que por momentos golpea con las secciones de los vientos y cuerdas de esta que la da un corte dramático, para dar paso a la guitarra de Hackett, que parece moverse por las calles y palacios de la ciudad. Un tema sentimental, melancólico (¿por lo que fue la ciudad? Hoy convertida en refugio de aristócratas y alejada de los tiempos de gran polo económico desde la época de los fenicios) además de ser tan atrevida, teatral y hermosa.

Luego tenemos en segundo lugar a “Adriatic Blue”. Este tema es una composición mucho más suave con líneas de guitarra repetitivas, pero que no aburren. La canción no se hace sosa ni aburrida, sino que atrapa con sus encantadores pasajes que buscan evocar los paisajes deslumbrantes del Mar Adriático que está entre la Península Itálica y la Península de los Balcanes. En este tema desaparecen los aportes orquestales y solo tenemos a Hackett y su guitarra.

La tercera pista es “Sirocco”, la que hace referencia a una corriente de viento llamada en español, Siroco, la cual proviene del norte del África, originándose en el desierto de la Península Arábica o en el mismísimo desierto del Sahara y que luego se mueve hacia el sur de Europa.

Tomando esto la canción se basa en la percusión del derbake (instrumento de percusión popular en el Oriente Próximo y en el Magreb), además de ritmos que el oyente fácilmente asociará a lo que conocemos como “música árabe”, pero a su vez, nos volvemos a topar con la “orquesta” de Roger King y la guitarra punteada de Hackett. Todo nos evoca a alguna noche en esas tierras lejanas, aisladas, despobladas, mirando el cielo estrellado. Este es un excelente y conmovedor tema que actúa como un viaje imaginario para el oyente a esas tierras mágicas. Tomando lo anterior es la que más fácil evoca el escenario que busca describir por medio de los instrumentos y la sonoridad elegida.

Francia y la Costa Azul son los protagonistas en esta composición “Joie de Vivre” (en español “La Alegría de Vivir”) que toma su nombre de una expresión de ese mismo país usada en la literatura desde el siglo XVII y que fue popularizada en el XIX. Esa alegría de vivir se expresa en esta canción que refleja cómo los franceses viven y disfrutan la música, la comida y el vino.

El tema abre con una guitarra de corte clásico, que retumba por medio de toda la canción y que muestra toda la calidad compositiva de Steve Hackett, que sin aditivos, sin orquesta y elementos de postproducción, puede crear un tema atrayente y atractivo.

En la quinta pista nos encontramos con “The Memory of Myth” la que nos introduce de lleno a los ritmos flamencos, que se complementa con el violín de Christine Townsend. Ambos ejecutan una pieza melancólica, que junto a la ejecución del trémolo de Hackett, da a la pieza una sonoridad particular en la que el ex Genesis recuerda su paso por Grecia, rememorando los grandes mitos y leyendas del país balcánico.

Llegamos a la mitad del álbum. Son once temas y estamos en el sexto: “Scarlatti Sonata”. Una composición que toma una de las creaciones del músico italiano del siglo XVIII, Domenico Scarlatti, nacido en Nápoles en 1685, quien vivió en España mucho tiempo y desarrolló gran parte de su obra en ese país, siendo conocido por sus más de 500 sonatas para Clavecín.

Steve Hackett toma una de las canciones del italiano y le hace sus arreglos usando solo su guitarra para un tema donde la gran protagonista es la técnica del inglés en una pista que se enmarca en la música barroca italiana. Estamos frente a una interpretación emotiva que es adornada con trinos (técnica en la que se basan el hammer on y pull off). La canción a pesar de ser un cover se oye tan propia del ex miembro de Genesis que no se siente fuera de lugar, ni como un elemento extraño.

Casa del Fauno” es la canción que le dedica Steve Hackett a Pompeya, la ciudad enterrada por la violenta erupción del Vesubio el 79 d.C. En este largo viaje por Europa, el guitarrista quedaría maravillado por la Casa del Fauno, vivienda romana considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en la que hay una estatua de bronce que representa a un Fauno, ser mitológico considerado protector de los campos, los bosques y los rebaños.

El tema se siente como el de la banda sonora de una película, como parte de la escena final de una cinta, donde los protagonistas resuelven su conflicto y esta cierra de manera feliz. La flauta del hermano de Steve, John, embellece la canción, convirtiéndola en una especie de vals que junto a los violines programados por Roger King, la hace una bella pieza de perfil esperanzador y dramático.

Después de “Casa del Fauno” se nos presente el que para mí es el mejor tema de “Under a Mediterranean Sky”: “The Dervish And The Djin”. Si Steve Hackett y Roger King podían hacer cada canción algo único y especial, lo que se produce en la octava pista es inimaginable. A la orquestación y a la guitarra se nos suma el Duduk, instrumento tradicional de Armenia, tocado por Arsen Petrosyan; se suma Malik Mansurov con el Tar, una especie de laúd, típico del Cáucaso (la zona geográfica donde convergen Rusia, Armenia, Azerbaiyán y Georgia); mientras que Rob Townsend aportó con su saxofón soprano.

Todo esto crea un tejido musical exquisito en el que los instrumentos entran y salen, dejan solos a unos para que cada uno tenga su momento pero sin perder la naturalidad de la composición.

Lorato” es una de las canciones donde el inglés prefiere su técnica y creatividad. Aunque puede que algunas ideas pueden sonar un poco repetitivas, este tema funciona y sirve como un descanso para lo que vendrá después.

Andalusian Heart” es otra de las buenas composiciones. Una clara referencia al flamenco, que suena trágica y majestuosa gracias a la orquestación de King que nuevamente complementa y le da otro prisma a la guitarra acústica. Aquí Hackett nuevamente da cuenta de todo su talento y habilidad, sobre todo en el solo que podemos escuchar en el minuto 1:55.

“The Call of the Sea” es el cierre perfecto con las pequeñas aportaciones de Robert King y la majestuosidad de Hackett. Es como si el músico nacido en Londres mirara hacia el Mediterráneo reflexionando sobre como este cuerpo acuático conectó, conecta y conectará, tantas culturas, pueblos, pero sobre todo sonidos, desde el Magreb en el norte de África, hasta la ribera de la Costa Azul en Francia, pasando por los Balcanes y la península de Anatolia.

Respecto a lo netamente musical la base del disco, y la mayor parte de su tiempo, consiste en la formidable interpretación de la guitarra de Hackett, sin que “Under a Mediterranean Sky” se sienta sofocado o sobrecargado, y el resultado es un álbum instrumental enriquecedor y accesible. Sin embargo, cuando la guitarra se suma a otras voces como en “The Call of the Sea”, “The Dervish And The Djin” o “Mdina”, se producen las mejores partes y momentos del álbum.

Pero pasando a otro tema ¿Qué llena más? ¿Un canto o solo los instrumentos? ¿o ambos? La verdad, los trabajos instrumentales no deben ser mirados en menos, estos por sí solos, cuando están bien hechos, pueden emocionar al oyente y transportárlo. En ese sentido aquí Hackett es una especie de juglar que ve el mar Mediterráneo desde uno de los acantilados mientras siente la inspiración que viene en cada ola.

Este es un álbum que a quien valore los sonidos fuera del rock puede ser muy emocionante y sentimental. Y si quiere ampliar sus horizontes respecto a la música fuera de metal y el rock, también es un trabajo que sirve como punto de partida.

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