Para todos aquellos que amamos el “detrás de” de la música, esta serie nos cae desde el cielo. Originalmente un podcast dedicado a analizar canciones, desmenuzando sus partes y, como bien dice su nombre, explorando en el proceso compositivo de forma muy preocupada. Acumulando más de 200 entregas y críticas alucinantes desde su inicio en 2014, Song exploder arribó con nuevos bríos a Netflix, donde ya lleva 2 temporadas audiovisuales, con un contenido realmente interesante, no tan sólo en cuanto a la información que desclasifica, sino que también en cómo lo presenta.

La selección de canciones es bastante heterogénea, con artistas para todos los gustos, quienes aportan impresiones  muy relevantes, con total sinceridad y frescura. Mérito total de la producción es crear un ambiente cómodo, quedando claro que no es una entrevista latera ni parte de una ronda eterna, que muchas veces deja extenuados y con ganas de arrancar a los artistas. Es más bien una conversación abierta, que rememora los aspectos no tan sólo técnicos de la creación, sino que también los emocionales. Y es ahí donde la serie toca fibras. ¿Cómo se inspiran? ¿Cómo lograron ciertos sonidos peculiares? incluso, consiguen pistas desechadas, que no entraron en la versión final y revisan el por qué, sonrojando a algunos invitados como Brandon Flowers de The Killers. Hay tomas exclusivas, además de archivos de varios años que ayudan a reconstruir la historia de las canciones de mayor antigüedad, como en el caso de REM y “Losing my religion.

Como dije al comienzo, el cómo se presenta es muy importante, y la experiencia completa se hace muy placentera no sólo por lo que ya hemos mencionado, sino que también por cómo nos llega. Las tomas son preciosas, captando no sólo colores, sino también gestos y detalles que complementan la comunicación, desnudando al artista de turno. Junto a eso, el trabajo sonoro está muy bien pensado y diseñado, ya que está grabado con voces a bajo volumen, lo cual luego se amplifica. Escuchar voces que a veces son casi susurros produce una sensación placentera a quien lo oye, enmarcado en un concepto relativamente de moda llamado ASMR (respuesta sensorial meridiana autónoma, por sus siglas en inglés) que engloba a un conjunto de sonidos que provocan estas sensaciones agradables en quienes los reciben. Esto hace que el solamente ver y escuchar la propuesta, independiente de lo que dicen, se haga sumamente agradable. Ahora, si agregamos un contenido de lujo, la experiencia es redonda. Nada al azar.

Además de los artistas ya mencionados, tenemos a Alicia Keys, Dua Lipa, a Natalia Lafourcade en el lado latino, y también a Nine Inch Nails. El siempre reservado Trent Reznor abre la puerta de sus memorias de par en par, aunque no logran sacarle el significado personal de “Hurt”, dejando en claro que hay autobiografía, pero que le interesa más la interpretación de cada oyente antes que ser completamente directo en sus intenciones. Realmente es un placer, incluso si no eres fan del artista de turno, te aseguro que puedes disfrutar el capítulo y terminarás conectando de igual forma. Hay un par de artistas que son más bien fenómenos gringos, sin gran trascendencia por estos lados, y aún así son historias notables y cautivantes. Disfrutar de una buena canción es una sensación mágica, pero sin duda, conectar con lo que rodea al proceso de creación otorga la percepción de completar el círculo y abrazar una experiencia global única.

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